domingo, 9 de octubre de 2011

Un codo


Un codo. Sólo un codo. Sin huellas digitales. Sin dientes para buscar registros dentales. Un codo donde se vislumbra una ínfima parte de un tatuaje. Arrancado de una forma extraña. No fue extraído con asepsia, ni siquiera con crueldad. No fue cortado con cuchillo, ni machete. Tampoco parecía una herida accidental.

Eso fue lo que encontró el señor Ling Ping en el piso de su restaurant antes de llamar a la policía. Un codo, sólo eso. Un codo cerca de la puerta de salida, cuando ya estaban las luces apagadas y todos habían dicho hasta mañana. Al principio no comprendió el hallazgo en la penumbra. ¿Un ratón? ¿Otro animal?

La policía interrogó a los empleados al día siguiente. Todos eran sospechosos. Todos, hasta que se demostrara lo contrario. Todos fueron cuestionados, ninguna pista. Uno de ellos recordó haber visto al señor de la camisa floreada que bebía sólo en una mesa. Creía recordar que el mínimo fragmento de tatuaje que se podía dilucidar en el miembro lacerado, pertenecía al señor grande y rubio que se sentó silencioso junto a la puerta.

La policía presionó, repreguntó, volvió a indagar. Reconstruyó la historia completa de ese miércoles. Nada. No había culpables. El señor Ling Ping volvió sobre cada uno de sus pasos. Ese día había sido especial para él. Su hija, a quien no veía desde hace 2 décadas, desde de la muerte de su madre y con quien se había distanciado por un pleito de herencia, finalmente había entrado en razón y lo había ido a visitar llevándole un regalo. Un detalle de buena voluntad. Una gran planta exótica que el señor Ling Ping mandó a colocar cerca de la puerta justo en frente de donde el empleado recordaba al de la camisa de flores. Hermosa planta. Una especie exótica, sin duda. Nunca había visto nada igual.

En su casa, la hija sonreía, satisfecha por su venganza. En el restaurant, la planta también.

6 comentarios:

  1. Adriana, qué bien que por fin hayas terminado de abrir tu blog, y que además lo inaugures con un cuento tan bueno. Me ha encantado, por varias razones. Primero, está muy bien escrito. Y segundo, lo que en un principio parece un poco evidente (sobre todo cuando lees el cuento sabiendo con antelación que incluirá una planta carnívora) cambia hacia un tono sorpresivo cuando llegas al hallazgo de la proveniencia de esa planta exótica. Es decir, el cuento no subyace en el misterio de si la planta se comió o no al sujeto del codo (que sería la salida fácil), sino en el punto de qué hacía esa planta allí. Muy bien pensada la trama, y el final muy inteligente y sugerente. Me alegra mucho (y estoy seguro que hablo por los demás del proyecto) tenerte en el equipo. Me agrada también que hayamos coincidido en el tono detectivesco de nuestros relatos. Espero poder seguir leyendo más cosas de ti. Un saludo.

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  2. ¡Qué bien Adriana! Me alegra por fin leerte. Creo que Víctor dijo mucho de lo que pensé cuando leí tu texto. Está bueno, intrigante desde el inicio y con final inesperado. Está conciso y redondo, no tiene detalles de más ni de menos. Imagino que para quien no sepa las variables tendrá mucho más impacto leer este texto.

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  3. Hola Adriana. Ya te agregué en el resumen de la semana en el blog de letra franca. Creí que me tardaría más en hacerlo, porque blogger ha estado medio fastidioso, pero ya todo está listo.

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  4. Hola Adriana. Un cuento muy bueno. Me gustó. Está muy bien escrito y la narración avanza con buen ritmo. Tengo poco que añadir a lo ya dicho por los demás (sin que suene a repetición). Saludos cordiales.

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  5. Hola chicos... buen trabajo! me parece, aunque me cuesta opinar sobre narrativa, que la estructura mas aproximativa a lo que sería un buen cuento es "El codo". Muy buen compuesto su comienzo. Reitera siempre una buena expectativa del lector. Tiene, además, un argumento original, breve y con la descripción suficiente de un ambiente mas urbano... es mi decisión. Besos...

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  6. Hola Adriana...¿Por qué no seguiste escribiendo en tu blog?

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